Esta obra es el resultado del diálogo y trabajo de especialistas de un alto prestigio en el ámbito profesional y académico. Neurocientíficos del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y especialistas de la Escuela de Educación-Universidad de San Andrés (UdeSA) desarrollaron los principales temas de la relación cerebro-aprendizaje.

El cerebro que aprende inicia la Colección “Neurociencias y Educación” con el fin de introducir a los docentes y a todos los interesados en las neurociencias cognitivas y en sus aportes en el ámbito educacional.

 

“La investigación sobre el funcionamiento del cerebro humano ha incrementado el entendimiento de algunos de los procesos cognitivos fundamentales para la educación, tales como el aprendizaje, memoria, alfabetización, lectoescritura, lenguaje, comprensión de textos, el sueño y las emociones. Hallazgos y métodos científicos pueden tener implicancias en escenarios educativos formales al aumentar nuestra comprensión de las bases neuronales de aprendizaje, así como las herramientas utilizadas en el campo de las neurociencias cognitivas nos ofrecen la posibilidad de ratificar los distintos aportes de los enfoques de enseñanza”.

Facundo Manes, Presidente de la Fundación INECO. (De la introducción de El cerebro que aprende).

 

“Somos un cerebro con patas y todo, todo lo que nos pasa tiene lugar allí, un poco más arriba del cuello y entre las dos orejas. Por supuesto, mucho de eso que nos pasa tiene que ver con entender el mundo —tarea ímproba que nos llevará toda la vida, aunque una buena parte de ella ocurre en la escuela—”.

Diego Golombek. (Del prólogo de El cerebro que aprende).

 

Consideramos a la educación un fenómeno social al mismo tiempo que entendemos que el ser humano aprende de determinadas formas en función de su estructura cognitiva. Creemos que esta estructura puede alterarse y modificarse en función del contexto en que está inmersa. Es aquí donde encontramos esenciales los aportes de las neurociencias a la educación. Los docentes, como profesionales de la educación, debemos ampliar nuestra formación para repensar en nuestras prácticas pedagógicas, reafirmando estrategias valiosas, develando mitos y reimaginando nuevos modos de enseñar. Por lo tanto, debemos articular ambos campos de forma cautelosa, comprendiendo las limitaciones y evitando los reduccionismos.

María Eugenia G. T. de Podestá

El cerebro que aprende

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