PRÓLOGO DE LAURA PITLUK

La centralidad del juego en la Educación Inicial no presenta ninguna duda, forma parte de su historia, sus debates, su impronta, sus definiciones… desde el nacimiento del Jardín de Infantes con un contrato fundacional que lo encamina como un espacio de socialización y juego. El lugar del juego para niños, docentes y propuestas se acepta y defiende más allá de las diferentes decisiones y concepciones educativas que le otorgan diversas improntas. “Nos encontramos actualmente frente al desafío de recuperar lo lúdico, de volver a situar el juego en su lugar primordial en la vida de los niños y de los jardines, de alcanzar modos de concretar las propuestas de enseñanza con la mayor presencia de componentes lúdicos. También nos enfrentamos al desafío de encontrar propuestas significativas para nuestros niños, esas que invitan y dan ganas, esas que nos encuentran con sonrisas en los rostros, cuerpos en movimiento, manos que se entrelazan, palabras que se intercambian, disfrute que se comparte, aprendizajes que se favorecen desde una enseñanza responsable. Ahora bien, ¿lo educativo excluye el afecto y el cuidado? Bajo ningún punto de vista, y menos aún cuando pensamos en la educación de 0 a 5/6 años. No existe educación que tenga sentido si no se sostiene en vínculos que eduquen desde el afecto, con las acciones, mostrando coherencia entre lo que esperamos y lo que brindamos, siendo “ejemplo” en nuestros modos de accionar, en nuestras decisiones, en las modalidades que asumimos al establecer las relaciones, en el modo de comunicarnos, en nuestras actitudes que se transmiten en cada gesto, en cada acción y en cada palabra. También se debe reconocer que dada la deformación que tantas veces se produce de los conceptos y las ideas cuando cobran vida en las instituciones educativas, sin tener demasiada claridad al respecto, se fueron abriendo las puertas del jardín a propuestas demasiado disciplinares y alejadas de la preciada identidad del Nivel Inicial. Así se diluyó el juego, el trabajo grupal, las elecciones por parte de los niños, que no debían venir necesariamente de la mano de la incorporación de los contenidos. Por el contrario, siempre se explicitó que la incorporación de los contenidos implicaba una articulación entre conocimiento y juego, que de hecho se retoma actualmente con la idea de que el juego es también conocimiento a ser enseñado, y por lo tanto se presentan contenidos referidos lo lúdico”. Por otra parte, existen diversas organizaciones de propuestas específicas de juego, todas valiosas, que bajo ningún punto de vista implican la idea de “tener que elegir” entre una u otra… Así, entonces, juego trabajo, juego en sectores, trabajo juego, juego dramático, juego centralizado, escenarios lúdicos… pueden considerarse propuestas que cada educador puede desarrollar con sus alumnos en función de las propias decisiones vinculadas con las propuestas que selecciona para generar los procesos educativos peculiares. Los talleres de alguna manera implican una diferencia con estas posibilidades debido a que son en realidad una forma de organizar las propuestas de enseñanza, con una dinámica peculiar que, por supuesto, incluye al juego, aunque no obligatoriamente… ¿Por qué tantas veces los educadores en particular y los seres humanos en general necesitamos buscar opuestos que nos complican y deslucen en lugar de complementos que dan cuenta de la riqueza y la diversidad? Desde estas ideas, este libro presenta reflexiones y propuestas basadas en la centralidad del juego en la Educación Inicial, presentando diferentes modalidades lúdicas y proponiendo repertorios que pueden orientar las acciones educativas desde la articulación entre conocimientos y juego, enseñanza y aprendizaje, afecto, disfrute y conocimientos.

La centralidad del juego en la Educación Inicial.

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